El viaje
Domingo, 9 Septiembre 2007, 9:42 pm
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El martes 4 de septiembre de 2007 a las 05:20 me encontré con mi amigo Carlos en el aeropuerto de La Coruña. Nos acompañaban nuestros padres y unas enormes maletas. No me permitieron facturar la mía porque, de forma muy optimista, la había cargado con 40 kilos de ropa, tuve que aligerarla hasta los 32 kilos. Así que durante el resto del viaje me vi obligado a llevar 4 bolsitas de plástico con 8 kilos de exceso de equipaje en la cabina, además de la enorme mochila y la cartera del ordenador. Los demenciales controles de seguridad tampoco aumentaron la comodidad del viaje.

El vuelo programado para las 06:30 llegó sin novedad a Madrid, nuestra escala antes de viajar a Amsterdam. Allí nos reunimos con Jorge que había partido desde Vigo. Después de esperar en la elegante T4 de Barajas, embarcamos a las 08:20 con destino Schiphol donde aterrizamos con retraso. El aeropuerto de Amsterdam es enorme y caótico, recogimos nuestras maletas tras largos minutos de incertidumbre y nos dirigimos a la estación de tren que se encuentra en el mismo aeropuerto. Allí compramos un billete a Delft por unos 8,50 euros.

Salvada la confusión inicial, logramos encontrar la vía donde se pararía nuestro tren hacia Leiden, nuestro siguiente trasbordo, gracias no a nuestro dominio del inglés, sino a un español que amablemente pasaba por allí. El sistema ferroviario neerlandés es muy eficiente: puntual, los cómodos coches son de dos pisos y en nuestra limitada experiencia, se prescinde del revisor.

Ya en Delft, nos dirigimos a la oficina de DUWO, la agencia que provee alojamiento a los alumnos de la universidad, para abonar y firmar nuestro contrato. Un malentendido entre los holandeses hizo que yo estuviese esperando dos horas por un taxi que finalmente no llegó y a las 17:00, hora del cierre de la oficina, la afable recepcionista determinó que era su deber moral el llevarme en su Ford Focus hasta mi apartamento, sito en el barrio de Poptahof Noord (1 y 2). E.A.P.