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Tras tres semanas de merecido descanso hemos vuelto a Delft.
Después de los típicos “Feliz año”, “¿como te ha ido estas Navidades?” y bla, bla, bla intercambiados con mis compañeros de piso, me dirgí a mi habitación para descubrir que había quedado tal cual la había dejado… ¿igual? ¡no!, ¡no! y ¡no!, un pequeño reducto se rebeló en contra del equilibrio y armonía que reinaba en mi habitación.
Viejos fantasmas acudieron a mi, bueno a mi no, a mi balcón y de fantasmas no tienen nada ya que son palomas de toda la vida, ¡mecagoenlasputaspalomas!
Creo que debería empezar aclarando el porqué son “viejos fantasmas”. Cuando llegué a mi piso, hayá en septiembre, me encontré con que mi habitación tenía balcón, “anda que bien” pensé, “si hasta tiene alfombra” fue lo siguiente y por último “menuda mierda”. La “alfombra”que cubría el suelo de todo el balcón estaba hecha de cagadas de paloma. Menudo chollo me dió limpiarlo todo, tenía, en algunas zonas, un espesor de 2 cm. Acabada la limpieza, pensé y probé diferentes métodos para espantar a las palomas, para que no me volvieran a llenar el balcón de mierda. Empecé por poner unas bolsas llenas de agua colgadas del tendal pero no me convencía eso del agua. Luego pasé a colgar unas tiras largas azules, fabricadas con las bolsas de la basura, y este método funcionó medianamente bien, el problema es que con el viento que hace se me enredaban y perdían efectividad. En los últimos días antes de Navidad tuve que ser yo mismo el que espantase las palomas estando pendiente de su llegada, el modo más efectivo que descubrí es hacer como si fuese un mono y pegar saltos encima de mi cama y darle leches a la ventana.
Así que ahora, y tras comprobar que vuelve a haber bastante mierda que tendré que volver a limpiar, me decidí a fabricar un “pájaro espanta palomas“, así lo he bautizado. Uno se puede fabricar este fabuloso elemento útil, eficaz y decorativo con tres botellas de plástico vacías, celo, una bayeta y un spray negro elementos qué, como en todo programa de bricolaje, tendréis seguramente en vuestra propia casa sin necesidad de ir a comprar nada, en mi caso así ha sido, y no preguntéis porqué tenía todo eso en casa, sobretodo no hagáis preguntas acerca del spray.
De momento parece que el invento funciona, pero todavía está en pruebas, tendré que esperar unos días para ver si es realmente eficaz…
Matador
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Un día cualquiera de la semana. Biblioteca de la facultad. Son las seis de la tarde, noche cerrada. Café de máquina. Los que hayan visto el enorme peliculón que es Conan sabrán a que me refiero con La Rueda del Dolor. Tres minutos de secuencia que encierran una elipsis de quince años. La Rueda del Dolor es una especie de molino-tortura para los niños esclavizados de las aldeas que han sido saqueadas por los bárbaros. El niño del principio es Jorge Sanz con doce años, el animal del final es el ni más ni menos que el 38º gobernador de California Arnold Schwarzenegger (Conan) después de perder media docena de kilos de bíceps para poder manejar la espada.
Un aviso en dutch por megafonía, la facultad cierra a las diez y media. Yo tengo tarjeta de acceso y me puedo quedar hasta las doce. Capuccino de máquina, extra de azúcar. Le doy unas cuantas vueltas a la rueda. Otro aviso, esta vez suena a amenaza. El que no salga antes de las doce ya puede buscar algún rincón para dormir. Son las tres de la mañana. Gracias a la contaminación lumínica disfrutamos de un largo crepúsculo mientras giramos la rueda.
Hoy he tenido un examen. Tres horas de agonía para responder a siete de veinte puntos. Puede que en realidad la rueda que gire sea la del hámster en su jaula. E.A.P.
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Estando yo en la cocina la tarde-noche del 22 de Octubre de 2007 vino mi compañero de piso Yusuf y me preguntó a cerca de algunas opciones de la lavadora. Le solucioné la duda pero se me ocurrió buscar las instrucciones, encima de la misma sólo estaban las instrucciones en dutch, al seguir buscando mi mirada se posó en una bolsa con una especie de verduras en su interior que venía observando durante días. Cómo sabía que no era mía, y dado que a Pepe no le gusta demasiado lo verde, supuse que era de Yusuf, así que, aprovechando que estaba con él en la cocina, le pregunté que era eso, a lo cual me respondió, que no sabía porque no le pertenecía. Cuando me lo dijo no me aguanté más y la abrí, ese fue el primer “monstruo”, como así los bautizó Yusuf, que encontré. Madre mía, como olía ese bicho, parecía una verdura flotando sobre un líquido indescriptible, pero no supe reconocer cuál debido a su avanzado estado de descomposición.
Recuperados del susto y de la peste se me ocurrió verificar otros puntos calientes de la casa. Me dirigí directamente al comedor, en donde sabía que había otras bolsas similares que contenían pan de Yusuf. Allí encontré el segundo “monstruo“, de éste hay evidencias gráficas que podéis ver en la sección de fotos. Era un pan que parecía radiactivo porque era verde y a su alrededor había una capa de polvillo verdoso.
Cuando todo parecía haber vuelto a la normalidad, se me ocurrió comprobar el hueco que teníamos detrás de la lavadora, hablo en pasado porque en vista a lo que descubrí preferí pegarla lo máximo posible a la pared, sabía que allí debía estar una botella de plástico vacía que me cayó un día. Lo que no sabía era la sorpresa que la acompañaba en ese oscuro rincón de nuestra humilde morada. Pues bien, al lado de la botella había otra bolsa plástica de las mismas características que las anteriores, con dos platos en modo caja protegiendo supuestamente restos de comida…
Cuando Yusuf vió la bolsa me rogó que no la abriese, Pepe me amenazó si se me ocurría abrirla, y es que esta tenía la peor pinta de todas, incluso desde el exterior. No me aguanté, tenía que saber qué demonios era aquello, la abrí, sí, y todavía tengo pesadillas por ello. A día de hoy todavía no sé que clase de comida pudo haber sido en su origen, desde aquí hago un llamamiento a todo aquel que quiera especular sobre el origen de este último monstruo, ya que, a pesar de la pestilencia de este último, logré sacar un par de fotografías.
Eso sí, por lo menos aprendí que hay muchos colores que denotan la putrefacción, sobre todo con este último. Tenemos el líquido dejado por las verduras putrefactas, el tono verde característico del pan pasado, vale no tanto como el de Yusuf, y por último, tenemos una gama impresionante en el último monstruo con colores desde el blanco hasta el negro pasando por el verde y el naranja. En fin, que noche la de aquel día…
Matador
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El martes 4 de septiembre de 2007 viajé a Delft, una ciudad de unos 95.000 habitantes en los Países Bajos para empezar un periodo de estudio de unos dos años sobre microelectrónica. Mi intención con este blog es tratar de llevar un diario personal para mi recuerdo y mantener el contacto con la familia y los amigos.
Me gustaría cumplir los objetivos que me he marcado al empezar este viaje, pero de no ser así, espero que al menos aprenda de la experiencia. Gracias por leerme, intentaré no ser muy pesado. E.A.P.